Las primeras confecciones de cerámicas empleadas como artículos para decoración o con un fin utilitario se remontan hasta la misma antigüedad del hombre moderno. Desde la Edad de la Piedra los seres humanos emplearon los diversos insumos que la naturaleza les ofrecía iniciando su actividad con rudimentarias piezas hechas a mano. Ya en la Edad de los Metales empiezan a aparecer los cuencos y ollas ovoides y campaniformes. El hombre también se dio cuenta que el barro perdía su plasticidad cuando se sometía al fuego y que distintas tierras coloreadas podían dar un atractivo nuevo y diferente a sus creaciones.

En el antiguo Egipto se emplearon muchísimos objetos cerámicos esmaltados con colores verdes y azul, destacando los escarabajos azules decorados usando óxido de cobalto. En Mesopotámica el barro no solamente era usado para la contracción de edificios y templos sino también para la fabricación cerámicas, cuyos elementos ornamentales consistían en formas geométricos de colores pardos sobre fondo blanco.
Los griegos fueron muy prolíferos en la creación de una gran variedad de formas de vasijas cerámicas, las cuales seguramente se vieron favorecidos por el auge del comercio; con respecto al uso que se les daban a estas vasijas se puede mencionar que sirvieron para transportar todo tipo de mercancías, aceite, vino, agua, trigo, perfumes, conservas, pescados, etc. De hecho Grecia y Roma no aportaron grandes novedades a la cerámica, si bien su uso como "cerámica funcional" se destacó en la conducción y drenaje de aguas, evacuación de aguas residuales, baldosas con relieve para la calefacción radiante, conducciones de agua caliente, extenso uso de la teja y el ladrillo en la construcción y en pavimentación con mosaicos.
Un gran aporte a la cultura universal respecto al tema que ocupa nuestra atención la constituyen las hermosas y magnificas muestras de Cerámica de Chulucanas, cuyas raíces se remontan a las manifestaciones de las culturas Tallan y Vicus (aproximadamente 500 años d.C.).

Fue en 1960 que se descubrió en la base de una montaña la tumba de un noble de la cultura Vicus, en cuyo interior existían diversas piezas de alfarería. Según se sabe, un grupo pequeño de alfareros y artistas descendientes de los pobladores de la antigua cultura Vicus llegaron a vivir cerca de la tumba descubierta, conociéndose desde entonces esta comunidad con el nombre de “Chulucanas” y se ubica a 49 Km. de la ciudad de Piura, en la costa norte del Perú. El nombre “Chulucanas”, según se afirma, deriva de la palabra quechua “Chullucani” que significa “Me derrito (por el calor)” haciendo clara referencia al caluroso clima de la región, lo que ofrece una relevante ventaja al momento de fabricar estas inigualables piezas de arte decorativo y utilitario.
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