Iconografia y Culto a las Divinidades Fertilizadoras
Una de las más interesantes y fascinantes maneras de conocer cuales eran las costumbres y creencias de una cultura de la antigüedad es mediante la observación y el análisis de sus manifestaciones artísticas. Aunque muchas de ellas son difíciles de hallar o no logran superar a la implacable y vertiginosa voracidad del tiempo, deteriorándose y llevándose consigo cientos de años de visión hacia el pasado, lo que ha sobrevivido hasta nuestros días tiene un incalculable valor ya que nos ha servido de base para poder comprender sociedades antiguas y sus singulares modos de vida.
La cerámica de los antiguos peruanos nos ofrece hoy un reflejo de aquellos tiempos en que se adoraba al dios solar y la diosa lunar, y donde el pensamiento ideológico de sus pobladores estaba íntimamente relacionado con la creencia de fuerzas invisibles y poderosas atribuida a seres superiores voluntariosos de brindar salud y abundancia de alimentos si se apelaba a su divina bondad o a su benevolente misericordia. La cerámica ha servido para plasmar su concepción original del universo que les rodea y para representar a sus dioses.
La cultura mochica se desarrolló en la costa norte del Perú, en un periodo comprendido entre los 50 años a.C. hasta los 600 años d.C. Fue una sociedad que se dividía en clases, en donde el Gran Señor ejercía poder sobre la base de la piramide conformada mayoritariamente por campesinos y artesanos, quienes nos han dejado innumerables huellas de su vida cotidiana y sus creencias; una de estas fuentes la conforman sus cerámicos, y en especial los denominados "huacos eróticos" conforman una especial e interesante visión a su mundo y a sus prácticas sexuales.
En un tiempo en el que la religión y la magia estaban intimamente ligadas, se realzan las fuerzas cósmicas y se manifiesta una clara exaltación a los dioses de la ferilidad, que a decir de Rebeca Carrión C. "fueron inspirados por el anhelo vital del indio de obtener abundancia de alimentos y en su actividad básica, la agricultura". Esto es una constante en muchas civilizaciones antiguas que buscan promover el desarrollo de la vegetación mediante la copula sexual. Una posible explicación a este hecho lo plantea Sir James G. Frazer al decir que "los indios (refiriéndose a los nativos pipiles de América Central) confundían el proceso mediante el cual las plantas cumplen la misma función, e imaginaban que recurriendo al coito activarían simultáneamente la fertilidad agrícola". Se cree también que tenían una finalidad ceremonial y mediante ella se establecía un verdadero código moral.
Dentro de la cosmovisión andina, la dualidad siempre estuvo presente y esta se expresaba teniedo como criterios la oposición y la complemetariedad. La diosa lunar, personificada en una mujer, es representada en unión sexual con el dios solar, personificado en una figura masculina.
Los Mochicas creían que al morir su alma no desaparecia, sino que vivía eternamente morando en otro mundo; ello explica que en muchos casos hayan sido inhumados en compañia de sus mujeres, sus sirvientes y algunas pertenecias que tuvieron en vida. Dentro del ajuar funerario se han hallado las cerámicas que ahora son objeto de nuestra atención, depositadas ahí posiblemente con la intención de brindar al difunto una vida sexual activa en el otro mundo. Se cree tambien que tenían una finalidad ceremonial, y mediante ella se establecía un verdadero código moral.
No cabe duda que situaciones para nosotros naturales como las lluvias, granizadas, nevadas, huaycos, etc., difíciles de comprender en el contexto de su primitivo pensamiento, fueron asociadas con un poder superior y más adelante divinizadas con la finalidad de atribuirles vida y voluntad propia, y por ende hacerlos susceptibles de acceder a suplicas y ofrendas con tal de recibir fructíferas cosechas y una multiplicación sustancial de sus animales domesticados.
Si se capturaba la imagen de los dioses en el mismo acto sexual, fiel correspondencia y similitud de la humana, se estaría invocando los consecuentes beneficios de esta acción: la fertilización de la diosa tierra mediante las lluvias por parte del dios sol o rayo, ambos personificados como mujer y varón. Tales representaciones, a decir de Rebeca Carrión C. en La Religión en el Antiguo Perú: “ilustran el pensamiento religioso del indígena sobre el fenómeno de fertilización y producción agrícola”.
El sexo en el antiguo Perú tuvo clara relación con la fecundidad de la tierra. Federico Kauffman-Doig afirma: “la sexualidad humana y la sexualidad en la naturaleza fue elevada, por así decirlo, a las esferas divinas... No había un dios asexuado, sino una pareja divina, macho y hembra”. Los “huacos eróticos” también fueron parte importante en este ritual de la magia abocada a la procreación y la abundancia.
También se han encontrado representaciones de animales en posiciones cóitales, lo que sugiere un deseo de fertilidad no sólo para su agricultura.
Los llamados "huacos retrato", son recipientes en los que el ceramista ha modelado los rasgos faciales y psicológicos de una persona. En muchas piezas se representan escenas de la vida religiosa y militar, pintadas en finos tonos naranjas y rojos sobre fondo amarillo. La cerámica erótica mochica es una de las más abundantes del periodo precolombino.
Los artesanos realizaban auténticos retratos en barro cocidas al sol que se distinguían por reproducir con el máximo realismo los rasgos físicos y psicológicos de los personajes representados. Su decoración tanto pictórica como escultórica nos permite conocer con bastante precisión la vida y el pensamiento de aquellos singulares personajes. Las escenas cotidianas forman parte importante de este amplio bagaje artístico.